Jan Pavlickova


Artista, sensible, alegre y de buen corazón, Jan conoció a Pascualina en Brujas, lugar a donde fue enviado por su abuelo para asistir a los niños con cáncer del Hospital del que el abuelo es el benefactor. Hasta los 17 años vivió en Praga junto con su abuelo, dueño de un taller de marionetas. Sin embargo, desde muy temprano, Jan se incorporó al Gran Circo de Ukrania con el cual viajó constantemente en giras por Europa. El Circo llegó a convertirse en su verdadera familia. Poco antes de conocer a Pascualina, había alcanzado cierta estabilidad y madurez, pero su vida dio un vuelco cuando se enteró de la verdad respecto a sus padres, ambos reconocidos artistas rusos que habían desertado del régimen soviético, y que más tarde murieron en una emboscada. Desde aquel momento en que fue apresado en Moscú, la idea de limpiar el nombre de su padre se convirtió en una obsesión para él. Las inseguridades afectivas que abrigaba desde su infancia se hicieron más profundas y lo desestabilizaron emocionalmente. Jan admiró mucho la sensibilidad y espontaneidad artística de Pascualina, y eso fue lo primero que lo atrajo hacia ella. Conquistó su amistad disfrazado de un aldeano medieval en Brujas, pero luego de revelar su verdadera identidad y comenzar un romance con Pascualina vivió acosado por los celos que sentía por el ex novio de Pascualina. Actualmente vive en Moscú, compró el circo de su padre y trabaja por organizar una función estable nuevamente. El último encuentro que tuvo con Pascualina se produjo en Lichtenstein. Durante una breve conversación le pidió una nueva oportunidad.

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